viernes, 1 de agosto de 2014

Caridad

Autor: Pedro Luis Raota

A la salida del hipermercado, donde comprado friskis para los gatos y whisky para mí, la niña, la niña, la pequeña mendiga portuguesa, con su carita malvada y adorable, con una muesca de sangre del ojo derecho, como otro tatuaje. Gigi no está allí para retratarla.

- ¿Cómo te llamas?
- Lourdes.

(Siendo portuguesa, parecería más sensato que se llamase Fátima: seguramente me está engañando, y hace bien.)

- ¿Cuántos años tienes?
- Ocho.

(No creo que llegue a siete.)

Pone una mano pequeña, sucia y limosnera. Le digo que ponga las dos y le vuelco en ellas toda la carga de monedas que llevo conmigo: monedas de cinco duros, plata y oros falsos. La pequeña mendiga portuguesa, Lourdes/Fátima, me mira con un asombro oscuro y claro que aún no ha llegado a reticencia, después de la sorpresa. Me voy antes de que llegue.

Francisco Umbral - La belleza convulsa