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| Autor: Pedro Luis Raota |
A la salida del hipermercado, donde comprado friskis para los gatos y whisky para mí, la niña, la niña, la pequeña mendiga portuguesa, con su carita malvada y adorable, con una muesca de sangre del ojo derecho, como otro tatuaje. Gigi no está allí para retratarla.
- ¿Cómo te llamas?
- Lourdes.
(Siendo portuguesa, parecería más sensato que se llamase Fátima: seguramente me está engañando, y hace bien.)
- ¿Cuántos años tienes?
- Ocho.
(No creo que llegue a siete.)
Pone una mano pequeña, sucia y limosnera. Le digo que ponga las dos y le vuelco en ellas toda la carga de monedas que llevo conmigo: monedas de cinco duros, plata y oros falsos. La pequeña mendiga portuguesa, Lourdes/Fátima, me mira con un asombro oscuro y claro que aún no ha llegado a reticencia, después de la sorpresa. Me voy antes de que llegue.
Francisco Umbral - La belleza convulsa
