La luz de la luna cae al pie de mi cama y se queda allí como una piedra grande, lisa y blanca.
Cuando la luna llena empieza a encogerse y su lado derecho se carcome - como una cara que se acerca a la vejez, mostrando primero las arrugas en una mejilla y perfilándose después - a esa hora de la noche, se apodera de mí una inquietud sombría y angustiosa.
No estoy dormido ni despierto, y, en el ensueño, se mezclan en mi alma lo vivido con lo leído y oído, como corrientes de distinto brillo y color que confluyeran.
El Golem (Sueño) - Gustav Meyrink
