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| Autor: Pedro Luis Raota |
Cíclico el acierto
del reloj parado.
Llegaré,
tocando algo sencillo,
derramándome en pétalos,
regalando madrugadas,
Y me iré antes del café,
o inmediatamente después,
cuando más duele.
Ya nadie envía
cartas perfumadas.
La única manera
en la que puedo relajarme
es haciendo carreras
de acordes alterados
por el agua.
Carreras
de acordes sostenidos
por el hielo.
G. Luna Pérez Gastón
