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domingo, 26 de abril de 2015

El crepúsculo

Autor : Esmahan Özka




Razón de lágrimas 

La noche por ser triste carece de fronteras. 
Su sombra en rebelión como la espuma, 
rompe los muros débiles 
avergonzados de blancura; 
noche que no puede ser otra cosa sino noche. 

Acaso los amantes acuchillan estrellas, 
acaso la aventura apague una tristeza. 
Mas tú, noche, impulsada por deseos 
hasta la palidez del agua, 
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles ruiseñores. 

Más allá se estremecen los abismos 
poblados de serpientes entre pluma, 
cabecera de enfermos 
no mirando otra cosa que la noche 
mientras cierran el aire entre los labios. 

La noche, la noche deslumbrante, 
que junto a las esquinas retuerce sus caderas, 
aguardando, quién sabe, 
como yo, como todos.

Luis Cernuda


viernes, 16 de enero de 2015

Cada día...

Autor: Gatopardo
El pan nuestro

Se bebe el desayuno... Húmeda tierra 
de cementerio huele a sangre amada. 

Ciudad de invierno... La mordaz cruzada 

de una carreta que arrastrar parece 

una emoción de ayuno encadenada! 



Se quisiera tocar todas las puertas, 

y preguntar por no sé quién; y luego 

ver a los pobres, y, llorando quedos, 

dar pedacitos de pan fresco a todos. 

Y saquear a los ricos sus viñedos 
con las dos manos santas 
que a un golpe de luz 
volaron desclavadas de la Cruz! 

Pestaña matinal, no os levantéis! 
¡El pan nuestro de cada día dánoslo, 
Señor...! 

Todos mis huesos son ajenos; 
yo tal  vez los robé! 
Yo vine a darme lo que acaso estuvo 
asignado para otro; 
y pienso que, si no hubiera nacido, 
otro pobre tomara este café! 
Yo soy un mal ladrón... A dónde iré! 

Y en esta hora fría, en que la tierra 
trasciende a polvo humano y es tan triste, 
quisiera yo tocar todas las puertas, 
y suplicar a no sé quién, perdón, 
y hacerle pedacitos de pan fresco 
aquí, en el horno de mi corazón...!

César Vallejo



viernes, 5 de diciembre de 2014

Melancolía



Fotografía: Horst P. Horst


Oda a la melancolía

No vayas al Leteo ni exprimas el morado
Acónito buscando su vino embriagador;
No dejes que tu pálida frente sea besada
Por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
Ni dejes que polilla o escarabajo sean
Tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
Contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
Y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.

Pero cuando el acceso de atroz melancolía
Se cierna repentino, cual nube desde el cielo
Que cuida de las flores combadas por el sol
Y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
Enjuga tu tristeza en una rosa temprana
O en el salino arco iris de la ola marina
O en la hermosura esférica de las peonías;
O, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
Toma firme su mano, deja que en tanto truene
Y contempla, constante, sus ojos sin igual.

Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
Siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
Que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
Tiene su soberano numen Melancolía,
Aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
Boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
Y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.

John  Keats


domingo, 15 de diciembre de 2013

¡Hombres!

Autor : Michael Macku

Retrato


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero; 

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; 

mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido 
ya conocéis mi torpe aliño indumentario, 
más recibí la flecha que me asignó Cupido, 
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 
pero mi verso brota de manantial sereno; 
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, 
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. 

Adoro la hermosura, y en la moderna estética 
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; 
mas no amo los afeites de la actual cosmética, 
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar. 

Desdeño las romanzas de los tenores huecos 
y el coro de los grillos que cantan a la luna. 
A distinguir me paro las voces de los ecos, 
y escucho solamente, entre las voces, una. 

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera 
mi verso, como deja el capitán su espada: 
famosa por la mano viril que la blandiera, 
no por el docto oficio del forjador preciada. 

Converso con el hombre que siempre va conmigo 
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?; 
mi soliloquio es plática con ese buen amigo 
que me enseñó el secreto de la filantropía. 

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago 
el traje que me cubre y la mansión que habito, 
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 

Y cuando llegue el día del último vïaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado


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