viernes, 16 de enero de 2015

Cada día...

Autor: Gatopardo
El pan nuestro

Se bebe el desayuno... Húmeda tierra 
de cementerio huele a sangre amada. 

Ciudad de invierno... La mordaz cruzada 

de una carreta que arrastrar parece 

una emoción de ayuno encadenada! 



Se quisiera tocar todas las puertas, 

y preguntar por no sé quién; y luego 

ver a los pobres, y, llorando quedos, 

dar pedacitos de pan fresco a todos. 

Y saquear a los ricos sus viñedos 
con las dos manos santas 
que a un golpe de luz 
volaron desclavadas de la Cruz! 

Pestaña matinal, no os levantéis! 
¡El pan nuestro de cada día dánoslo, 
Señor...! 

Todos mis huesos son ajenos; 
yo tal  vez los robé! 
Yo vine a darme lo que acaso estuvo 
asignado para otro; 
y pienso que, si no hubiera nacido, 
otro pobre tomara este café! 
Yo soy un mal ladrón... A dónde iré! 

Y en esta hora fría, en que la tierra 
trasciende a polvo humano y es tan triste, 
quisiera yo tocar todas las puertas, 
y suplicar a no sé quién, perdón, 
y hacerle pedacitos de pan fresco 
aquí, en el horno de mi corazón...!

César Vallejo



5 comentarios:

marian dijo...

Vallejo el solidario. Morrison es que es un sentimental.
Y el fotográfo... ¿qué ha intentado contar en esa foto? ¿Quizá el contraste con un "desayuno líquido"?

marian dijo...

El horno del corazón es el mejor para cocinar a fuego lento.

Juan Nadie dijo...

¿Por qué no había visto yo este post?

Vallejo, ¡Qué poeta!

Dice Umbral:
"Lo que hay que querer en Vallejo y de Vallejo es lo desorientado que anduvo por el mundo, por el viejo mundo, haciendo una poesía genial, como un Lautreamont del bien, y tosiendo en las terrazas de Recoletos y bajo los puentes de París. En toda la poesía de Vallejo hay un niño que tiembla y un adulto que tose. Entre el balbuceo del niño y la tos del condenado está todo el milagro indeciso, irrepetible, impar, de un indio que amó a España, de un genio que se vestía de meteco para que le hicieran caso.
El secreto único y genial de sus poemas es que piden limosna."

Del Pitufo Gruñón no diremos nada.

Muy buena la fotografía: hay sillas, mesas, cosas..., no hay gente. Mejor así.

Gatopardo dijo...

Misantropía pura...

Juan Nadie dijo...

Ya te digo...