![]() |
Autor : Francesc Catalá Roca |
En Villar del Duque, el alcalde, un usurero ricachón con mucha gramática parda, salvó la vida declarándose conforme con el reparto de bienes.
Caído en poder de los revoltosos, cuando a lomos de un asno se fugaba con disfraz de melero, fue arrastrado hasta la Casa Consistorial: Entre pitos y befas, a empellones, siempre en un cerco de roncos y estentóreos amotinados, salió al balcón:
—¡Ea, caballeros, haremos el reparto, y no se hable más cosa ninguna! A lo que sea de razón no ha de negarse vuestro alcalde.
Se arrancó un curda:
—¡Eso es canela!
El alcalde le descubrió entre los amotinados bajo el laurel de una taberna: Era un viejo cañí, esquilador de oficio, con ribetes de cuatrero.
Le cayó encima el alguacil, que aún llevaba en el quepis las telarañas del desván donde se había ocultado:
—¡Cállate la boca y no metas el corvejón! Esto es muy serio.
El alcalde se enjugaba el sudor:
—¿Un botijo, no tenéis a mano?
Salió una voz del grupo que lo cercaba:
—¡Un botijo para el señor alcalde! Otra voz oficiosa: —¡Mejor una limoná si está acalorado! Un malasangre:
—¡Que reviente!
Sorna del señor alcalde:
—¿Y quién os hace la partijuela? Yo no os la hago sin refrescarme el gaznate.
Por encima de las cabezas, de mano en mano, volaba una pintada botija de Andújar.
El alcalde, luego de beber largo y despacio, la posó a su lado, en el arrimo del balconaje:
—¡Vamos allá! Para mis luces, antes de adelantar paso ninguno, todos los presentes os habéis de disponer en tres bandos: Los que tengan más de una yunta: Los que no pasen de la pareja, y los pelanas.
Un tío lagartón:
—Baje su merced a ponerse en el bando que le corresponde.
Un disidente:
—Lo primero es el reparto de tierras.
Otro:
—Y de yuntas.
Un pelanas:
—Conmigo no reza.
El alcalde:
—Donde que no haya avenencia, nombráis una comisión de vuestro seno para que se entienda con mi autoridad.
Un terne:
—No hay autoridad.
Otras voces:
—¡Abajo los Consumos!
Un violento:
—¡Haremos una degollina!
El alcalde:
—¡El que tenga dos parejas dará una!
Cada bando encrespaba su protesta:
—¡Eso no es razón!
—¡Queremos el reparto de tierras!
—¡La rebaja de caudales!
—¡Abajo los Consumos!
—¡Abajoo!...
—¡Abajo las quintas!
—¡Abajoo!...
Cuando mayor era el tumulto oyóse el toque de militares cornetas que sonaban fuera de la villa, y del balcón municipal se fugaron los amotinados que rodeaban al señor alcalde. Por la lontananza amarilla del rastrojo, moviéndose en hileras, fulgían de roses y fusiles. Los pantalones colorados escalaban los cerros: Latían los gozques de corral sobre las bardas: Eran un clamoroso guirigay todos los gallineros.
Ramón María Valle-Inclán
13 comentarios:
Extraordinaria combinación de la prosa de Valle, al que habría que leer todo el rato para saber lo que es España, o lo que no es, la ocurrente y brillante, como siempre, canción de Sabina y la fotografía de la realidad cotidiana de Catalá Roca.
Magnífico post.
Dos altos cronistas españoles, capto. Uno con tamaña obra que he leído tan poco y otro al que tenemos escuchado aquí con mucha atención.
Creo que es un post bastante descriptivo.........y lamentablemente actual.
No del todo, pero residuos quedan...
Yo diría que demasiados.
Siempre me he preguntado como hace Sabina para juntar todo lo que sabe y construir una historia en cada canción.
Ya si cantase bien sería...
Si cántase bien sería, probablemente un horror...
igual te voy a dar la razón.
Teatro del esperpento de Valle Inclán.
Sí quedan residuos todavía, disimuladamente, pero siguen y aprecen de vez en cuando y donde menos se espera.
Pues Sabina, en sus principios, cantaba bien y no era un horror. También me gusta como ha cantado después, pero, en todos los sentidos, me quedo con el Sabina que conocí en los setenta.
Es que la inspiración se pierde con el bienvivir, ya le decía en su canción "oiga doctor"....
Sea como sea, y con sus cosas, es un fenómeno. Un gran cantautor y compositor.
Sin duda alguna.
Publicar un comentario