viernes, 25 de julio de 2014

Viajar

Autor de la fotografía : Elliott Erwitt
Y cuando mis padres volvían del teatro era ya la hora de comer y nos sentábamos a la mesa. A veces lo hacía con nosotros la actriz de carácter, que se preocupaba más de que yo tuviera pan en la mano y de esas cosas que mis padres. Mi madre tenía la voz muy aguda. Su voz sobresalía por encima de las demás y llamaba la atención de los desconocidos que estaban en la misma mesa. Todos los cómicos gastaban bromas a las chicas que servían. Mi madre y la actriz de carácter hablaban de cosas del teatro y mi padre comía casi siempre en silencio. Al acabar la comida solía haber ensayo. 
Si no había ensayo, mi padre se iba a un café cercano al teatro a jugar al dominó con los compañeros, y mi madre se quedaba echando la siesta. Siempre querían que yo echase la siesta, pero yo prefería ir al café. Me gustaba verlos jugar y hasta me parecían bonitas las fichas y el ruido que hacían cuando las golpeaban contra el mármol de la mesa. A esa hora había poca gente en el café. 
En el cuarto de la pensión, mi madre se quitaba el vestido, se quedaba en combinación y se tumbaba en la cama. 
Yo me quedaba en la cama turca o en el sofá que me habían arreglado para dormir. Si teníamos, como a veces sucedía, dos habitaciones, mi madre se venía a echar la siesta conmigo. 
Pero a mí, no sabía por qué, me gustaba más ir al café con mi padre. 
Un cómico ya viejo, José Cuartero, que gastaba boina y solía llevar el traje casi siempre muy sucio, me sentaba alguna vez sobre sus rodillas y me dibujaba monos en el mármol de la mesa. Sabía pintar un burro, un tren, una señora gorda, unas piernas de chica muy bonitas. 
- ¿Cuántos años tienes? 
- Seis. 
- ¿Y en dónde los tienes?
A esto, como era broma, no había que contestar. 
- ¿Tú vas a ser cómico? 
- No. 
- Pues, ¿qué vas a ser? 
- Militar. 
- Bah… Siempre con el mismo traje. Tú debes ser cómico, y a ver si sales mejor que tu padre. Siendo buen cómico, hasta se gana mucho dinero y podrás comprarte muchos soldados de plomo y también podrás vestirte de militar o de lo que quieras. Y ganar guerras. Si te haces militar de verdá, a lo mejor no te toca guerra y no asciendes y te quedas toda la vida de capitán. 
- A mí me gusta ser capitán. 
- Pero ganan muy poco. Y además, si no hay guerra, los militares no pueden hacer más que ir a la escuela y a los bailes durante toda la vida. En cambio, si eres cómico, tocarán cuando tú quieras el tambor entre bastidores y saldrán a decir que has ganado una batalla. ¿No te gustan los trenes? 
- Sí. 
El cómico viejo y sucio empezaba a dibujar un tren.

Fernando Fernán Gómez - El tiempo de los trenes

11 comentarios:

Juan Nadie dijo...

No es muy conocido Fernán Gómez como escritor, pero no lo hacía nada mal.
De Tom Waits no diremos nada, que luego todo se sabe.
Efectivamente, para viajar el tren.

Gatopardo dijo...

Pues da lo coincidencia, que la única vez que he visto en persona a Fernando Fernán Gómez, fue compartiendo vagón desde Madrid a Reinosa. Años ha. Recuerdo su cutis rojo tomate y su vozarrón en el coffee-bar...

carlos perrotti dijo...

Entrañable texto de entrañable actor. Tom Waits redondea el asunto.

Gatopardo dijo...

Toda una lección de independencia.

Juan Nadie dijo...

Joé, Gato, cómo te has codeao.
El pelirrojo Fernán Gómez tenía tela. Espero que no te mandase a la mierda, que era muy dado.

Gatopardo dijo...

Yo no le dirigí la palabra. Ante todo respeto a la intimidad.

Juan Nadie dijo...

Que es lo primero que se debe hacer. Bien hecho.

marian dijo...

Fernando Fernan Gómez, de lo mejorcito que hemos tenido.
Era un borde con quien tenía que ser borde, porque era un señor muy educado.

marian dijo...

Tom es ya como de la familia.

Gatopardo dijo...

Pues menudo primo...

marian dijo...

No es tan fiero el león como lo pintan.