viernes, 24 de octubre de 2014

Hogar, dulce hogar


Autor Desconocido


«Fifteen men on the Dead Man's Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.

Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo 
y toda mi alma sabe a sangre, 
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy, 
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños 
que se mueven ingenuos, torpes, en 
esta vida que ya sé. 

Me palpo el pecho de pronto, nervioso, 
y no siento un corazón. No hay, 
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón 
sino quizá en el alcohol, en esa 
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo, 
la única sangre en este mundo que no existe 
que es como el mal programado, o 
como fábrica de vida o un sastre 
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o 
quizá el reloj y las horas pasan. 

Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo 
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio 
y mi vida oliendo. 

Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo 
y que este cuento es cierto, este 
absurdo que delatan mis ojos, 
este delirio en Veracruz, y que este 
país es cierto este lugar parecido al Infierno, 
que llaman España, he oído 
a los muertos que el Infierno 
es mejor que esto y se parece más. 

Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos, 
me digo que estar borracho es no estarlo 
toda la vida, es 
estar borracho de vida y no de muerte, 
es una sangre distinta de esa otra 
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes 
y los agujeros de la vida. 

Y es que no hay otra comunión 
ni otro espasmo que este del vino 
y ningún otro sexo ni mujer 
que el vaso de alcohol besándome los labios 
que este vaso de alcohol que llevo en el 
cerebro, en los pies, en la sangre. 

Que este vaso de vino oscuro o blanco, 
de ginebra o de ron o lo que sea 
—ginebra y cerveza, por ejemplo— 
que es como la infancia, y no es 
huida, ni evasión, ni sueño 
sino la única vida real y todo lo posible 
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento 
a algún ser que es probable que esté 
ahí la vida de los dioses 
y unos días soy Caín, y otros 
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros 
un cazador de dotes que por otra parte he sido 
pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud» 
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días, 
un asesino tímido y psicótico, y otros 
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto, 
en qué ciudad, entre marineros ebrios. 

Algunos me recuerdan, dicen 
con la copa en la mano, hablando mucho, 
hablando para poder existir de que 
no hay nada mejor que decirse 
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube 
la marea del vino en la sangre y el alma. 

O bien alguien perdido en las galerías del espejo 
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto 
para rescatar la vida y restaurar a los hombres 
y también a veces lloro por no ser un esclavo 
negro en el sur, llorando 
entre las plantaciones! 

Es tan bella la ruina, tan profunda 
sé todos sus colores y es 
como una sinfonía la música del acabamiento, 
como música que tocan en el más allá, 
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol, 
tengo sangre en los ojos de borracho 
y el alma invadida de sangre como de una vomitona, 
y vomito el alma por las mañanas, 
después de pasar toda la noche jurando 
frente a una muñeca de goma que existe Dios. 

Escribir en España no es llorar, es beber, 
es beber la rabia del que no se resigna 
a morir en las esquinas, es beber y mal 
decir, blasfemar contra España 
contra este país sin dioses pero con 
estatuas de dioses, es 
beber en la iglesia con música de órgano 
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino 
tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont 
caerse húmedo babeante y tonto y 
derrumbarse como un árbol ante los farolillos 
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener 
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya 
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra 
de las que allí había al principio. 

Y decir al morir, cuando tenga 
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio 
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas 
en este paraíso para espectros 
y también a los ciervos que he visto en el bosque, 
y a los pájaros y a los lobos en la calle y 
acechando en las esquinas 

«Fifteen men on the Dead Man's Chest 
Fifteen men on the Dead Man's Chest 
Yahoo! And a bottle of rum!» 

Leopoldo María Panero


10 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Tremendo poema de Panero.

Gatopardo dijo...

No sé si habrá alguno más tremendo.
Cualquier recomendación al respecto será generosamente recompensada...

Juan Nadie dijo...

Veremos..,

carlos perrotti dijo...

Sin habla, como corresponde...

carlos perrotti dijo...

Los poetas como Panero a mí me callan.

Gatopardo dijo...

A ti y a cualquiera...

marian dijo...

Poesía en estado puro y a bocajarro. Qué gran poema de Leopoldo Panero.

Gatopardo dijo...

No ha escondido absolutamente nada.

marian dijo...

Y qué bien acompañado por Tom Waits.

Gatopardo dijo...

Tal para cual...